Margarita García Robayo: “Las escritoras ganan visibilidad por la potencia de su obra”

Margarita García Robayo

La escritora colombiana Margarita García Robayo presentó el pasado 21 de de abril su libro Primera persona (Pesopluma, 2018) en La Independiente, feria de editoriales peruanas, organizada por el Ministerio de Cultura y los Editores Independientes del Perú (EIP). La autora de Tiempo muerto, Lo que no aprendí y Cosas peores, entre otros títulos, conversó con nosotros y esto fue lo que nos dijo sobre la literatura autobiográfica y los motores que la empujan a escribir.


En el relato El Mar desmitificas la idea romántica sobre esta masa de agua salada. Evidencias sus características reales y dices que no te gusta. ¿Escribes a partir de lo que te incomoda?
No sé si lo hago conscientemente. Cuando pienso en las cosas que he escrito, creo que hay algo que las hermana, y tiene que ver con cierto escepticismo frente a lo que se da por sentado. Eso tiene que ver con muchos temas, con la idea, por ejemplo, de que la familia es una composición armoniosa de personas o que la maternidad es maravillosa. Yo vengo de un lugar que es como una postal, pero realmente no es una postal. Podría decirte que sí, que quizá es un lugar desde el cual me paro para escribir.

En Historia general de tu vida hablas sobre el enojo. La sociedad en que vivimos parece no aceptar ningún sentimiento negativo. Es como si se tratara a toda costa de evitar el dolor y el sufrimiento. Hay un exceso de positivismo.
Creo que el enojo es un gran motor para muchas cosas. Pero digamos, en términos de creatividad y de lo artístico, me parece que es un buen motor, porque además esconde algo que está muy presente en este oficio: la insatisfacción permanente. A mí me lleva cada vez a esforzarme, en términos del lenguaje, un poco más. Igual depende de una evolución personal. Una empieza escribiendo cosas, sintiendo que son maravillosas, y después cuando las relees dices “no se me pudo ocurrir otra frase mejor”. Quizá este texto está muy fundamentado en esa especie de insatisfacción endémica que nos consume a todos. Realmente nada está hecho para que estemos satisfechos y, sin embargo, el mundo se empeña en que uno esté feliz y satisfecho.

Siempre se ha hablado de la maternidad como una etapa “bonita”, pero eso es solo un lado de la moneda. En uno de tus relatos hablas de ese lado “difícil” que muchas optan por callar, porque está mal visto. Hay mucho temor. 
Yo nunca tuve miedo de contarlo. De hecho, mis amigas dicen que soy como “el grinch de la maternidad”. En un punto es saludable hablar de lo malo, porque ya sabemos un poco qué es lo bueno. La parte mala nadie nos la contó demasiado bien por eso me parece importante hacerlo, porque al fin y al cabo no es una circunstancia excepcional. Eso de enfrentarse a algo que te exige una demanda absoluta le pasa a mucha gente. Creo que nadie se lleva bien con la demanda absoluta y eso es lo que harta un poco. Me parece bien que se pueda hablar con libertad. Hay una cosa innegable: la cuestión física. Uno pone el cuerpo, el cuerpo como maltratado, en sentido literal, y luego ese cuerpo tiene que ser absolutamente responsable de otro, que te demanda, que te exige, que te busca para alimentarse, que te busca para sobrevivir. El ser humano es bastante enclenque en eso. Es el único mamífero que necesita, por los primeros años de su vida, estar muy cerca de su madre para no morirse. Eso es algo que una no tiene tan presente al momento de quedar embarazada.

¿Hasta qué punto se puede escribir desde la intimidad? Lo íntimo es complejo.
Este es un libro muy atípico dentro de los libros que tengo, porque muestra las vísceras explícitamente. De todo lo que hago es bastante autobiográfico, en el sentido de que tomo cosas de mi experiencia, de mi intimidad, de mi entorno y las ficciono. Estos textos fueron encargados en general. Son textos que han sido publicados en revistas y en años muy disímiles. Tenían siempre una consigna. Al escribir tan explícitamente sobre mí misma, traté de tomar cierta distancia y aplicarle a estos textos lo mismo que le aplico a los otros textos que escribo: una serie de cosas que los hace verosímiles y eficientes. Al estar atravesados por eso, pasan a ser un formato de ficción. No son un calco de mi vida, pero sí están basados en mi experiencia autobiográfica.

Lo cotidiano y lo familiar son los temas que más te interesan. 
Sí. De los vínculos cercanos, más que de los familiares. Si hay un tema que me importe a escala tiene que ver con la pregunta constante de la identidad y la pertenencia. En una segunda instancia, tiene que ver con los vínculos afectivos, ya sean filiales o no. Como esa especie de desconocimiento rarísimo que se siente por la gente cercana. Me interesa el enrarecimiento de los vínculos afectivos.

Eres colombiana, pero radicas desde hace 13 años en Buenos Aires. ¿Esa distancia ha afectado tu escritura? 
Siento que para mí ha sido un favor. Ganar esa distancia y perspectiva, porque me permitió alejarme y mirar mejor, con un poco de frialdad. Creo que la cercanía distorsiona. Prefiero la perspectiva toda la vida. Prefiero tener la frialdad quirúrgica para referirme a temas que me afectan. Más allá que yo tenga la frialdad para darle forma a un relato, el contenido, en mi caso, suele ser bastante visceral.

Mujer y literatura

Yo creo que todo lo que escribo está ligado a mi subjetividad, a mi mirada. Vivo en una sociedad hiperpatriarcal, pero no necesito una etiqueta. De hecho, me molesta mucho cuando me invitan a mesas sobre cómo escriben las mujeres. No me gusta el exotismo del tema. No me gustan que digan “ah, es mujer y además escribe”, porque es como “ah, es un mono y además hace piruetas”. No me gusta verme en ese lugar. Todas las escritoras que están ahora mismo visibilizadas, incluso las invisibilizadas que empiezan a hacerse visibles, se ganan esa visibilidad, no porque sean mujeres, ni porque alguien les dio una cuota, sino por la potencia de su obra. Las mujeres han sido marginadas durante toda la humanidad, se merecen todas las reivindicaciones. Yo creo que la historia es injusta, pero también creo que las escritoras encuentran sus lectores y su lugar con el paso del tiempo. Nadie puede decir que las mujeres que hoy leemos están ahí porque son mujeres. En la contemporaneidad sucede eso. Yo no quiero que me incluyan en una colección por la cuota femenina, quiero me incluyan porque mis textos están buenísimos y merecen estar en esa colección.

El efecto de la poesía 

Cuando empecé a leer poesía me sentí muy a fin. Mi pretensión como escritora, obviamente guardando las inmensas proporciones, es hacer lo que la poesía hace con tanto virtuosismo. Es como tratar de decir con imágenes, con frases condensadas, cosas muy profundas. Es como una dinamita en la mano que en cualquier momento puede estallar. Ese efecto que genera la poesía me interesa.

*Entrevista originalmente publicada el 23/04/2018.

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