#LeePoesíaEnCasa con Teresa Cabrera | Día 11

Estos son los poemas que la poeta Teresa Cabrera (@tecabrea) leyó en la cuenta de Instagram de Lee Poesía el 11 de marzo de 2020. 

1. Un caballo en casa, de Washington Delgado (En «Historia de Artidoro», 1987)

Guardo un caballo en mi casa.
De día patea el suelo
junto a la cocina.
De noche duerme al pie de mi cama.
Con su boñiga y sus relinchos
hace incómoda la vida
en una casa pequeña.
¿Pero qué otra cosa puedo hacer
mientras camino hacia la muerte
en un mundo al borde del abismo?
¿Qué otra cosa sino guardar este caballo
como pálida sombra de los prados abiertos
bajo el aire libre?
En la ciudad muerta y anónima,
entre los muertos sin nombre, yo camino
como un muerto más.
Las gentes me miran o no me miran,
tropiezan conmigo y se disculpan
o me maldicen y no saben
que guardo un caballo en mi casa.
En la noche, acaricio sus crines
y le doy un trozo de azúcar,
como en las películas.
Él me mira blandamente, unas lágrimas
parecen a punto de hacer de sus ojos redondos.
Es el humo de la cocina o tal vez
le desespera vivir en un patio
de veinte metros cuadrados
o dormir en una alcoba
con piso de madera.
A veces pienso
que debería dejarlo irse libremente
en busca de su propia muerte.
¿Y los prados lejanos
sin los cuales yo no podría vivir?
Guardo un caballo en mi casa
desesperadamente encadenado
a mi sueño de libertad.

2. Sin título, de Hannah Arendt (En «Yo misma, también yo bailo/ Poemas» 1923-1961)

La tristeza es como una luz encendida en el corazón.
La oscuridad es como un resplandor que sondea nuestra
noche.
No tenemos más que encender la pequeña luz del duelo
para hallar el camino de regreso a casa atravesando la vasta  y
larga noche, como si fuéramos sombras.
Bosque, ciudad, calle y árbol están alumbrados.
Bienaventurado aquel que no tiene patria, porque la verá en
sueños.

3. [¿Qué pájaro ha hecho su nido en mi cabeza y canta cuando…], de Virginia Benavides. (En: «Ejercicios contra el alzheimer», 2019]

¿Qué pájaro ha hecho su nido en mi cabeza y canta cuando
Estoy sin alma? Planea en mí como si mi cielo le bastara
y canta en mi árbol de silencios. Azulejo es o quizás un
Cardinal. Esconde su canto cuando retorno a mi y se hace
El dormido. Trina y vuela y se arrulla en mis pensamientos
Más cálidos. Pero no me engaña: sé de él por las plumas
Que me encuentra en el respiro.

4. Para encontrarte en una plaza de Lima, de Enriqueta Belevan.
(En: «Poemas al estilo de una pintura ingenua», 1978]

Porque es urgente y necesario ponernos a escribir y es urgente nuevamente decir que hoy estoy aquí sobre la manta azul y amarilla y afuera en la ciudad que apenas conozco dentro de otra habitación que no imagino tú estás ahora como yo tal vez escribiendo con urgencia con desesperada urgencia los poemas que más luego nos enseñaremos o te dejarán triste y callado o simplemente tan terriblemente serio como yo aún no sé qué eres tú y no sabré qué hacerme con el deseo de hacer mil cosas que no hago y de nuevo la ventana y el árbol que te gusta y no sé cómo se llama y no pregunto de nuevo volveremos con la suavidad de los gatos enlazados y me pondré a cantar todas las canciones que están persistentemente con nosotros en ese tocadiscos que ahora sigue prendido sin que tú comprendas por qué no puede permanecer nuestra alegría como un eco de consistencia semejante a correr para encontrarte en alguna plaza de Lima.

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