July Solís: “El poeta puede balbucear el misterio de la poesía, pero nunca decirlo” | Entrevista

La poeta July Solìs

Por Juliane Angeles
Foto: Lee Poesía

El poeta intentará asir la poesía por medio del lenguaje. Intentará revelar su misterio con cada palabra aprendida. Pero en el camino descubrirá que solo puede balbucear. ¿Balbucear es acaso la única certeza posible? En esta entrevista con Lee Poesía, la literata y poeta July Solís habla del ejercicio de la escritura, de la naturaleza misteriosa de la poesía y de su reciente libro Balbuceos de un pequeño dios, que será presentado por la poeta Rosella Di Paolo el 10 de noviembre en la Casa de la Literatura Peruana.


En un post en Facebook dijiste que tras escribir Balbuceos de un pequeño dios descubriste que “la poesía es como una trampa”. ¿A qué te referías exactamente?

 Me refería al ejercicio de la escritura. La naturaleza de la poesía es misteriosa, secreta. Y en ese sentido, el poeta solo puede balbucear. Y hay una trampa, porque el poeta intenta atrapar en la escritura ese misterio, y al mismo tiempo la poesía intenta liberarse, porque es de naturaleza inquieta, libre. Es como una especie de lucha entre el lenguaje, la poesía y el poeta. El poema vendría a ser la trampa en la que debe ser atrapada la poesía.

 La poesía se presenta en forma de un ser alado en Balbuceos de un pequeño dios.

En el poema “Mariposa”, la mariposa es la poesía. Es decir, esta presencia inquieta que revolotea mientras el poeta está escribiendo o está intentando atrapar ese aleteo. Para mí la poesía es libre y es difícil de atraparla, en el sentido de que no hay certeza si en verdad lo conseguiste o no.

Y si la poesía es libre, ¿por qué persistir en nuestro intento de querer atraparla o acercarnos a ella?

Porque siempre está presente la duda. Por ejemplo, cuando uno lee un poema de César Vallejo o de un poeta consagrado, sabemos que es un buen poema, porque sientes que en ese texto si se logró atrapar ese aleteo. Creo que sí se puede atrapar, pero es una lucha entre el poeta que intenta abrazar ese aleteo y la mariposa, o esa ave, que no se deja. Igual nunca hay certeza. No es que yo escriba el poema y diga: “¡lo atrapé!”. Siempre va a estar la duda. Quizá con el paso de los años, los lectores, a través de su sensibilidad, podrán sentir que sí hay un aleteo. Por eso el tema de los balbuceos, porque el poeta puede balbucear el misterio de la poesía, pero nunca decirlo. Balbucear significa hablar con dificultad, y el poeta a lo mucho solo puede tropezarse en el lenguaje y acercarse a través de balbuceos, pero nunca revelar el misterio en su totalidad.

La poesía es un camino de paciencia justamente porque no hay certeza.

¿Sientes que esta situación de incerteza es necesaria a la hora de escribir poesía?

Yo creo que sí. Pienso que las personas que se dedican a la escritura tienen que saber a qué presencia se enfrentan. En general, las artes no son como las matemáticas. No hay un camino establecido para decir: “sigue ese camino y vas a conseguir un poema”. Como persona que se dedica al oficio de la escritura sabes cuál es tu objeto de estudio, en este caso la poesía, —y que la puedes intuir, porque básicamente es una cuestión de intuición— vas a saber que a través de la intuición puedes intentar acercarte a ella. La poesía es un camino de paciencia justamente porque no hay certeza.

Para cuestionar lo que te cuestionas en Balbuceos de un pequeño dios también es necesario tomar distancia del propio texto, incluso de la misma poesía.

 Sí, claro. Hay muchos libros que intentan abordar: ¿qué es la poesía?, una pregunta con un hueco infinito, pero creo que todos los que nos dedicamos a esto deberíamos pensar en ¿qué es? o, por lo menos, ¿cómo es? y tratar de esbozar algunas respuestas, porque si no cómo puedes intentar trabajar algo que ni siquiera conoces. Sería como un médico que tiene como objeto de estudio la anatomía, pero nunca ha visto un cuerpo ni conoce los órganos.

En la primera parte del libro el poeta es visto como “un animal que habla y repite palabras”.

 El libro se divide en dos partes. La primera parte del libro se titula “Cómo sacudir a la creatura para saber si respira”, y eso está pensado en analogía con el alumbramiento de un ser vivo. De esta creencia de que cuando un niño nace se le da unos golpecitos para que grite, y si grita respira y si respira está vivo. En este caso, es el nacimiento de la poesía. De cómo saber si ese poema que has escrito está vivo. Sobre tu pregunta, la idea del poeta como animal que repite palabras aparece en el poema “Psitácida”, que es el nombre científico del grupo de las aves parlantes, hace una analogía entre el poeta y un loro. Para mí, el poeta es un ave parlante. Es decir, podemos aprendernos todas las palabras del diccionario, pero en general, lo que vamos a hacer siempre es repetir palabras. Y también hay una especie de frustración, porque por más erudito que seas y aprendas todas las palabras, no son tus palabras, son las palabras que te impone un sistema lingüístico arbitrario. Entonces, a diferencia de las aves parlantes, el poeta es un ave parlante, pero con frustración, porque trata de encontrar su voz, su propia palabra.

La poesía también es eso: cuestionarse sobre las cosas que la rodean.

Y en la segunda sección la voz poética se detiene en seres cotidianos e intrascendentes, como la cucaracha o la mosca. Pero también en figuras sagradas.

La segunda parte, que ya no es metapoesía, se llama “La edad de los por qué”. Está pensada en la etapa en que los infantes empiezan a realizar infinitas preguntas. Entonces, siguiendo la analogía, en la primera parte del libro la poesía nace, y en la segunda, esa creatura poética se empieza a hacer preguntas. Porque la poesía también es eso: cuestionarse sobre las cosas que la rodean. La segunda parte habla del entorno en general, desde presencias nimias, como una cucaracha o una mosca, hasta presencias sagradas, como María Magdalena y Judas. Pero se trata de darle una visión diferente a la que estamos acostumbrados. Creo que en esta segunda parte no se busca diferenciarnos, sino asemejarnos. Por ejemplo, el instinto de supervivencia es algo que nos asemeja a todos. Ese instinto puede ser humano, pero también puede pertenecerle a un ser tan insignificante como una cucaracha.

¿Por qué el estilo testimonial en los poemas sobre María Magdalena y Judas?

 Es que esta segunda parte habla también desde lo marginal. No hay jerarquías. Y desde ese punto, aparte de seres nimios, también habla de figuras sacras, pero figuras sagradas  marginalizadas. Y lo que se intenta es no contar la historia oficial, sino contar la otra historia que no responde a intereses ni a estereotipos. Porque el mundo actual en el que vivimos está lleno de estereotipos y etiquetas, y justamente estos poemas intentan acortar esas distancias, y entender que somos una mezcla. Es decir, no hay esta polarización de que si María Magdalena es prostituta o virgen o si Judas es traidor o víctima o si Dios es viril o delicado.

El poema que cierra el libro tiene un epígrafe de César Vallejo: Dios mío, si tú hubieras sido hombre, / hoy supieras ser Dios”. Se trata de un dios que no sabe ser dios, que tiene “un temblor” en los labios.

El poema “Anónimo” habla de un dios que balbucea, de un dios más humano. El texto no intenta ser confrontacional ni apelar a lo ofensivo. Habla finalmente sobre un tipo de dios, como el que plantea César Vallejo. Él decía que dios no sabe ser dios, porque nunca ha sufrido, porque nunca ha sido hombre. En ese sentido, si dios fuese gay probablemente entendería aún más del dolor y, en consecuencia, sería un mejor dios.

 

Balbuceos de un pequeños dios
Balbuceos de un pequeños dios, de July Solís. Imagen: Paracaídas Editores

 

SOBRE LA AUTORA

July Solís (Lima, 1988) Egresada de la escuela de Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En 2015 publicó Leche derramada, su primer poemario. En la actualidad, trabaja en un libro con base testimonial y matices poéticos sobre la vida de un migrante andino.

 

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