Juan Villoro: “Yo puedo dejar de escribir, pero no dejar de leer”

En 1974 visitó por primera vez el Perú junto a su padre. Tenía 18 años, y una vez en Lima, una inquietud por conocer el escenario que había servido de inspiración a Mario Vargas Llosa en ‘La ciudad y los perros’. Entonces, un joven Juan Villoro le hizo un pedido a su padre: “Le pedí que vayamos al Colegio Militar Leoncio Prado para conocer ese escenario que para mí era mítico”. Han pasado 43 años desde ese entonces, pero Villoro, ahora convertido en uno de los escritores latinoamericanos más representativos y multifacéticos del siglo XX, recuerda claramente ese momento.

Su pasión interminable por la lectura lo ha llevado a conocer a otros autores peruanos como Julio Ramón Ribeyro y Antonio Cisneros. “Fueron importantísimos para mí”, afirma. Pero si hablamos de pasiones, no podemos conversar con Villoro sin dejar de preguntarle sobre fútbol. Al autor mexicano de ‘El disparo de argón (1991), ‘El Testigo’ (2004), ‘Los Culpables’ (2007) y ‘Balón dividido’ (2014), entre otros, le apasiona el balompié, pero eso no lo nubla cuando reflexiona y asegura que el ‘deporte rey’ se ha convertido en una “industria inflada” y con “falta de equidad” en la ligas.

Juan Villoro fue uno de los invitados a la 22 Feria Internacional del Libro de Lima, donde presentó la reedición de ‘El Apocalipsis (todo incluido)’, su último libro de cuentos -editado en Perú por el Fondo Editorial de la Universidad César Vallejo-, en el que retrata con ironía el mundo que nos rodea y la constante tensión de la identidad mexicana en sus personajes.

Cuando empezaste a escribir no existían todas las tecnologías que existen ahora. Se podría decir que el proceso de escritura era diferente en ese entonces, ¿cómo escribes ahora?
-Bueno, la vocación de escribir va más allá de los instrumentos. Durante mucho tiempo se escribió con pluma de ganso, previamente ni siquiera se escribía, los rapsodas griegos recitaban, la gente se aprendía de memoria las historias, no se publicaban, y ha habido grandes autores que no han escrito nada, como Sócrates y Jesucristo.

Entonces, hay muchas maneras de contar historias, lo que ha cambiado son las plataformas. Yo pertenezco a una época en la que ni siquiera existía la máquina eléctrica de escribir. Nosotros pasamos de la máquina mecánica a la eléctrica, luego a una computadora más o menos grande, luego a una personal y hoy en día a la tablet. Lo que cambian son las tecnologías y ahí uno tiene que encontrar sus propios recursos.

Creo que me parece un problema para alguien que se adiestró escribiendo con la necesidad de pasar en limpio todo el texto, es muy engañoso el tener la posibilidad de corregir solo una palabra en la pantalla. ¿Por qué? Porque cuando no estás muy seguro de un adjetivo y lo quieres modificar, lo haces directamente en la pantalla, pero cuando quieres pasar la página en limpio, porque no puedes presentar un manuscrito con tachaduras, en el camino de ir buscando esa zona, ese adjetivo, ir pasando en limpio, vas encontrando otras cosas y las vas cambiando. Entonces, al pasar en limpio Yo nunca he cambiado solo lo que quiero cambiar, cambio otras cosas.

Hay una especie de decisión que surge en el contacto casi mágico de las yemas de los dedos con el teclado y el cerebro. Eso se pierde con la velocidad que se da al corregir digitalmente. No pasas en limpio en el proceso de corrección. Yo imprimo un libro, lo borro en la computadora, lo imprimo y lo corrijo otra vez. Lo paso en limpio tres o cuatro veces, pero es un proceso personal.

Cuando tienes lentitud en el proceso mecánico tienes más plazos de arrepentimiento. Yo he hablado con editores de cine, cuando tienes que corregir algo en un montaje tradicional y tienes que cortar la película y volver a pegarla tienes un plazo y ese plazo te puede hacer recapacitar. O sea, ¿quién te dice que la corrección mejora algo? Muchas veces empeora. Otra ventaja, las correcciones están a la vista: tú tachas porque sabes lo que estaba ahí, cuando cambias digitalmente desaparece. Ahora, puede haber gente que sea como Mozart, que dicen que tenía una partitura en la mente y escribía sin tachaduras. Entonces alguien puede dar con una novela de una primera versión.

Con más de 20 años como escritor, periodista y cronista, ¿qué hace para no repetirte?
-Un recurso, que más como una técnica es una ilusión, un espejismo, es cambiar de géneros porque tengo una personalidad bastante dispersa y curiosidades diferentes. Si escribo un cuento para niños y luego un ensayo literario sobre Nabokov y luego un artículo político y luego me adentro en una novela, tengo desafíos tan diferentes entre sí que es difícil que me repita, a lo mejor si solo escribiera cuentos, es muy probable que me repita.

Has construido una obra que siempre está mirando hacia el periodismo. ¿Te consideras más periodista que escritor?
– Me considero narrador, tanto en ficción como en no ficción. Las dos cosas me parecen importantes, Yo tenía un maestro en la carrera de Sociología, que nos decía, “estudien muchachos, o van a acabar de periodistas. Le parecía el peor trabajo de la humanidad. Efectivamente que en aquella época había un gran descrédito del periodismo: era una prensa muy comprada por el gobierno, vivían muy mal los periodistas, dependían de lo que en México llamaban “la mordida”, de sobornos para vivir más o menos. Era un oficio muy mal visto, pero hoy en día hasta las reinas son periodistas, como en España.

¿Qué lugar crees que tiene la literatura actualmente?
-No tiene un lugar central como en el siglo XIX, cuando el libro era el objeto de comunicación más importante, pero sin duda alguna la literatura mantiene una vigencia. No todo el mundo tiene que leer para que la literatura sea significativa. Creo que en esta época estamos enamorados de las estadísticas y pensamos que una persona que tiene 3 millones de seguidores en Twitter es mejor que una que tiene 50 mil. Pero a lo mejor esa persona que tienen 3 millones de seguidores es odiada por más de 2 millones que quieren ver las cosas ridículas que hace. Entonces, las estadísticas no necesariamente representan un aprecio o atención. Creo que la literatura sigue transformando el mundo, pero de una manera más sosegada que otros medios.

Dijiste en una entrevista que “los cronistas son mejores personas que los escritores de ficción”. ¿Qué te lleva a esa conclusión?
-Es una constatación empírica. He conocido a muchos de los dos y el escritor de ficción muchas veces puede ser alguien totalmente caprichoso, narcisista y egoísta. Vive metido en su propio mundo y lo único que quiere es crear caprichosamente en ese mundo y, cuando sale ante el público, recibir aplausos. El cronista, por el contrario, tiene que entender que su razón de ser está en los demás, no en él. Tiene que causar empatía para que le den información, tiene que respetar el derecho a silencio de los otros, tiene que sentir mayor empatía por los otros.

En esa medida está mucho más cerca de una actitud generosa, no quiere decir que eso lo convierta en una persona maravillosa, pero creo que como vocación humana es mucho más difícil ser un buen cronista y ser una mala persona. En cambio, abundan los ejemplos de sublimes y extraordinarios escritores que son pésimos individuos.

¿Hasta qué punto crees que es importante la teoría literaria en el proceso creativo?
– Bueno, depende de los autores. Hay autores muy intelectuales, como Ricardo Piglia, que logra incorporar a su ficción elementos teóricos. En el caso de Piglia, la crítica literaria es una forma de su ficción, es una manera de organizar su narrativa. Hay novelas como ‘Fuego pálido’, de Nabokov, que es el análisis de un poema, es una novela concebida como un analista literario.
Hay otros, como Ernest Hemingway, que buscan captar las historias del sujeto común.

Esto no quiere decir que Hemingway no sea un narrador sofisticado, lo es y mucho, pero trata de lograr es extraño artificio de la vida natural, porque en literatura nada es natural, todo es inventado por los autores. Pero una de las cosas más difíciles de lograr es esta ilusión de espontaneidad de dos pescadores o cazadores que te cuentan una historia.

Yo escribí un libro de cuentos que se llama ‘Los culpables’, que son siete relatos de personas que no saben narrar cuentos. Son personas que, guiados por un impulso natural, no tienen más remedio que contar una historia ya que accidentalmente se ven obligados a contar cuentos.

¿Cómo se dio la reedición de ‘El apocalipsis’ en el Perú?
– Fue una invitación de la Universidad César Vallejo. Este es un libro que solo se había publicado en una editorial en México, que solo tenía derechos para México. Hoy en día tenemos el gran problema que solo los grandes consorcios españoles distribuyen en toda América. Entonces, a 200 años de las independencias latinoamericanas seguimos dependiendo de España para circular entre nuestros propios países. Entonces, yo he tratado de seguir un proyecto ‘indie’, desde hace tiempo, de ir de manera independiente publicando libros en distintos países con editores que puedan defenderlos con su público. Desde luego es una apuesta menos comercial y con menos recursos, pero creo que de esa manera el tipo de escritura puede llegar mejor a los lectores.

¿Cuál fue el libro que te marcó y generó en ti el interés por la escritura?
-Pues muchísimos. Recuerdo un libro de José Agustín, un escritor mexicano, que leí cuando tenía 15 años, cuyo protagonista tenía exactamente mi misma edad, es un libro que transcurre en una familia de México en un barrio de clase media y yo vivía en un barrio parecido, los padres del protagonista se están divorciando y mis padres se habían divorciado. Entonces, fue como leer mi propia vida y eso me fue cautivando de tal manera que me hizo pensar que incluso los días sin brújula podían ser sustancia narrativa.

Y en esa época estaba muy en boga el boom latinoamericano. Se habían convertido los escritores en personajes que salían en los periódicos. Entonces inmediatamente pase a Julio Cortázar. Mario Vargas Llosa fue esencial para mí. En 1974 vine aquí con mi padre, él era filósofo y vino a contratar profesores para una universidad que estaba fundando en México, lo acompañé en el viaje y le pedí que vayamos al Colegio Militar Leoncio Prado, para conocer ese escenario que para mí era mítico. Tenía 18 años, era un lector voraz de escritores latinoamericanos, entre los peruanos leí a Antonio Cisneros; que había ganado el premio Casa de las Américas; a Julio Ramón Ribeyro; y a Mario Vargas Llosa. Ellos fueron importantísimos para mí.

¿Lees mucho?
-Yo creo que el gran placer de un escritor es leer. A todo escritor le antecede un lector, yo puedo dejar de escribir, pero no dejar de leer.

Durante el proceso creativo, ¿cuál es tu mayor preocupación?
– La gran preocupación de alguien que escribe narrativa es cómo contar una historia, qué tipo de historia vas a contar, es lo fundamental, el esqueleto, y cómo la vas a dominar y cómo la vas a transmitir. Luego ya viene la forma, si empiezas por el final, por dónde… Las palabras son como la respiración del escritor, es la manera en que el escritor expresa su personalidad. Y yo creo mucho en los escritores con un estilo definido. Disfruto mucho abrir un libro de Juan Carlos Onetti y saber que es de Onetti, lo mismo con los libros de Juan Rulfo. No creo en el estilo neutro.

VILLORO Y EL FÚTBOL

En el fútbol se suele endiosar siempre a los delanteros. Los arqueros y defensores parecen dejados de lado. ¿Por qué?
– Tienes toda la razón, el fútbol es tan extremo que se distorsiona mucho en la percepción que se tiene de él. Por ejemplo, a mi me parece tan absurdo que el Balón de Oro, supuestamente el trofeo más importante que recibe un jugador, siempre vaya a dar a un anotador. Cuando España ganó el mundial, para mí quien merecía el Balón de Oro era Xavi Hernández, mediocampista, que había hecho posible que se ganara el mundial. Y de manera rutinaria se le volvió a dar a Lionel Messi.

Acabo de estar en Cardiff, en la final de la Champions entre el Real Madrid y Juventus. Y el mejor jugador del partido fue Cristiano Ronaldoporque metió dos goles, cosa totalmente indiscutible. Pero cualquier persona que haya visto ese partido sabe que Luka Modric hizo un gran partido en media cancha y fue el mejor jugador del partido. ¿Qué hubiera pasado si ganaba la ‘Juve’?, ¿Hubiera ganado el trofeo finalmente Buffon? No, no se lo dan a un arquero. Es una valoración totalmente injusta. Una vez estuve en el palco del Barcelona, sentado al lado del representante de Nike en Barcelona y él me dijo: “Xavi Hernández tiene un defecto, que no vende camisetas”. No es un defecto futbolístico, sino un aspecto de marketing.

Entonces, el fútbol se ha vuelto una industria tan inflada que ha generado situaciones aberrantes como que el Real Madrid tenga un jugador, Cristiano Ronaldo, que cuesta más que todo el equipo contrario al que se enfrenta. Qué clase de equidad hay en una liga así. Debería haber alguna entidad que regulara estos excesos, pero qué entidad sería, la que debería intervenir es un órgano famoso con la corrupción que es la FIFA. Ahora, como elemento distractor están usando el VAR (Árbitros Asistentes de Video ), tratando de que el fútbol se vuelva más puro y más limpio, pero lo que se debería volver más puro y más limpio es la FIFA.

Tras leer ‘Balón dividido’, me es inevitable pensar en las similitudes que hay entre Perú y México. ¿Crees que es así?
-Los dos hemos sufrido mucho, tenemos grandes aficiones que están por encima de los resultados en la cancha. Pero hay diferencias porque México tiene una situación muy favorable en términos geográficos porque le ha permitido ser la cuarta selección que más ha ido a los mundiales y es la cuarta selección que más dinero recibe, superando a selecciones como España, que ha sido campeona del mundo. En México el fracaso es un gran negocio, tengo la sospecha de que es mejor negocio que aquí, pasa como en las telenovelas: para qué hacer grandes producciones si con la telebasura se gana dinero, ¿no? El futbol mexicano está muy mal gestionado, pero es muy exitoso en términos comerciales.

BOLAÑO Y EL ÉXITO

En una columna que escribiste sobre Roberto Bolaño, amigo tuyo, decías que él le daba la espalda al éxito…
– La gran paradoja de Roberto Bolaño es que él es el escritor más exitoso de mi generación, pero es que el mundo ama a aquello que se le opone. El Che Guevara se opone al mundo actual y se convierte en alguien que está en las camisetas de todas las personas y lo mismo pasa con Roberto Bolaño y otras personas. El éxito es siempre un malentendido, una impostura, no hay que preocuparse mucho de las consecuencias de lo que uno hace. Y seguramente Roberto, de estar vivo, se tomaría con mucha ironía todo lo que pasa a su alrededor y se reiría mucho sobre este malentendido que lo llevara a hacer tan famoso.

¿Y en tu caso cómo lo manejas?
– La situación con Roberto es totalmente distinta, porque desde Gabriel García Márquez probablemente no había habido un escritor tan exitoso en Estados Unidos y otros lugares. Es una situación descomunal. Lo que yo tengo que enfrentar es más relativo y más fácil de manejar.

MÉXICO Y POLÍTICA

¿Cree que México tiene una política verdadera hacia Estado Unidos?
-Un desastre, ¿no? México tiene una política internacional muy débil. Fue una política de cortejo y de romance con Estados Unidos. Es una relación de amor incomprendido. México ha intentado asociarse al máximo con Estados Unidos y surgió un candidato que desprecia profundamente a México. Además México ayudó a que este candidato ganara invitándolo durante la campaña al país y fue la única visita casi a nivel de jefe de estado que tuvo Donald Trump y demostró ser alguien con estatura de mandatario. Es una situación muy mala y afortunadamente a este gobierno solo le queda un año.

Alguna vez dijiste que “la obsesión mexicana es mirar al norte”, pero que pese a ello son fuertes como para no perder su identidad. ¿Cómo se da esta paradoja?
-La cultura mexicana es riquísima. Afortunadamente no depende del gobierno, si tú piensas lo que América Latina ha recibido de México en cuanto a cine, comida, canciones, literatura, pintura, te das cuenta de que hay una relación muy fuerte entre México y América Latina. Si tú ves algo de la política exterior mexicana, sobre todo la de los últimos años, vemos algo muy equivocado: México ha estado tratando de incorporarse insistentemente a los Estados Unidos.

Si dices la frontera te refieres a la del norte, jamás a la del sur. Y eso ha creado una política muy entreguista hacia Norteamérica, pero la cultura es muchísimo más rica que eso y ha preservado su identidad. Incluso los mexicanos que han ido a Estados Unidos han preservado su gastronomía, su cultura, su religión y han formado la cultura tan rica como la Tex Mex.

SOBRE EL AUTOR

Juan Villoro (México, 1956) ha sido uno de los maestros de la Fundación Gabriel García Márquez, encargada de promover el nuevo periodismo en Iberoamérica. Es autor, además, de ‘Materia dispuesta’, que se ha hecho merecedora a varios premios. Su reportaje ‘La alfombra roja, el imperio del narcoterrorismo’, lo hizo merecedor del XXVII Premio Internacional de Periodismo Rey de España. Del mismo modo, ganó el premio de Herralde de novela y en el año 2012 fue ganador del Premio Iberoamericano de Letras José Donoso.

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*Entrevista publicada originalmente el 28/07/2017

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