3 poemas de Carla Vanessa

Carla Vanessa Gonzáles

Carla Vanessa (Lima, 1975)

Poeta. Bachiller en Literatura y egresada de la maestría en Escritura Creativa por la UNMSM. Ha publicado de manera virtual el poemario Sueños de Carla (2002) y también poemas en revistas de creación literaria, así como en redes sociales. Tiene en preparación un nuevo poemario.

Foto: Vanesa Elsa Zamudio


Niño no nacido

Mira
la
luz,
yo
te
la
había
de dar
con
mis
ojos.

 

Toño
(Quinto bolero maroquero)

Toño estaba sentado a mi lado
Cuando un hombre –poeta él– me dijo que era hermosa.
Me tomó de las manos y me elevó de esa mesa llena de fiesta y algazara
y los viandantes se volvieron coloridas gotas de lluvia
atravesadas por el sol.
Solo que era la luna quien estaba
y luminosa flotaba en el vaho de sus monturas.
Y yo, sin saber qué hacer
Y mientras Toño
(Alto cultor de la palabra en Lima y Budapest)
Ensalzaba al amor que presenciaba,
yo me alejaba lentamente
–y contra mi voluntad, he de decir–
Del brazo de un caballero
De vuelta a las tierras bajas
Donde las verdes estepas
Son apagados lamentos de cascajo,
Colillas de cigarros
Y tristeza.

Carta de un indio soldado a su familia

Junio 7, 1881
Querida madre, hermanas:
les escribo con la tinta analfabeta de mis piedras.
Mi morral a la espalda tiene una puerta por donde mis sueños se han ido
Y ha perdido indolente tu oloroso pan, el atado de coca y mi charqui.
Ya no soy un nombre, solo un número:
sin suelas, sin diente, prohibido del dolor y de la caricia del musgo.
Afuera el dios raya el alba implacable,
el verdadero,
Acá el ídolo que abraza al monarca del oro a los hombros
me dice que no me puedo cansar, que no debo sentir hambre
ni frío,
que un señor blanco ese que se llama chile
quiere asaltar mi chacra, quitármelo todo.
Pisa rabioso el patrón la hiedra, la espuela,
Y todos lo cubren de gloria.
Ahora mis hermanos duermen,
el sueño de los lejanos pastos y las altas montañas me acosa,
el canto del río es una dolorosa sonata
y yo aquí en el ensordecedor silencio
hurgo por mendrugos en la arena
rogando por amor a la lanza en mi pecho de harapos.
Los abraza
Su malogrado hijo,
Gregorio.

 

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