Magda Portal: “La mujer es valiente en todos los niveles de la vida, cuando hay que luchar, lucha” [Parte I]

Magda Portal

Entrevista a Magda Portal [Parte I]

Por Agnes Dimitriou y Francine Masiello

26 de junio de 1981

University of California

Transcripción: Juliane Angeles

Composición: Lee Poesía


FM: A lo mejor nos podría hablar un poco sobre su formación política y su formación como feminista en los años 30, para empezar…

MP: En realidad nunca he pensado hacer un trabajo exclusivo por la mujer, pero como la mujer está tan discriminada. Cuando pasé a pertenecer al Partido Aprista Peruano el año 30, en el primer congreso nacional que realizamos, yo preparé la ponencia con todo lo que significaba los derechos de la mujer en el aspecto político, social, cultural, para que ella no siguiera siendo una discriminada social y un ser de menor cuantía. [Inaudible] ha figurado siempre la mujer en todos nuestros partidos, en todos nuestros países, hasta el momento en que se han tomado ciertas medidas que han logrado acercarla un poco a su imagen real de persona humana, aunque no del todo todavía.

AD: En cuanto a su formación literaria, usted empezó a escribir poesía desde joven…

MP: Desde muchacha, porque en el año 30 también era joven [risas]. Yo empecé a escribir poesía en un tiempo en el que probablemente no lo recuerde todavía: 18, 16 años. Mucha de esa poesía está perdida, no se encontraría en ninguna parte. Pero he escrito varios libros. Y después en contacto con la intelectualidad peruana y latinoamericana, con la que siempre hemos participado, desde México -en idioma castellano- hasta Chile, Argentina, Uruguay, Ecuador y Bolivia. Siempre estábamos en contacto todos los intelectuales jóvenes y teníamos las mismas inquietudes de la juventud de esa época. Que querían una transformación social y política, en general. No hacíamos hincapié en que fuera solamente para la mujer, sino en general. Y esto partía desde la reforma universitaria que se realizó en el año 18, en Córdoba, Argentina. Aquello repercutió profundamente en todos los países de América y hubo una verdadera transformación en todas las universidades, porque se adoptaron medidas revolucionarias, desde la participación del estudiante en el claustro universitario. Eso fue muy importante, realmente revolucionario. Yo he participado en todos esos grupos. No puedo ser exactamente de esa generación, pero un poquito más acá sí, nosotros nos identificamos con esa generación en la que también figuraron, más tarde, [José Carlos] Mariátegui, [Luis] Valcárcel y [César] Vallejo, como los tres símbolos de la intelectualidad más avanzada del Perú. Yo tuve la suerte de conocer a José Carlos Mariátegui, también al doctor Valcárcel y a Vallejo. Fui amiga también de ellos. Era una juventud muy inquieta, muy protestataria y con muchos ímpetus para reorganizar los esquemas que todavía habíamos heredado de la Colonia.

AD: Y digamos, desde la perspectiva de hoy, cómo ve usted esos años. ¿Tuvo éxito para ustedes o fue una época de iniciación?

MP: Fue una época de iniciación. Tuvieron éxito, porque se crearon muchos nuevos conceptos de lo que significaba tanto el estudiante como el trabajador, y como la misma mujer. La mujer un poquito después, aunque el proyecto que yo hice para la mujer se aprobó íntegramente, sin discusión. Eso quiere decir que estaba en la mente de todos los miembros de la agrupación en que yo estaba, pero que se cumplían precisamente no es exacto. Mi contacto con José Carlos Mariátegui fue muy importante en cuanto a mi formación intelectual e ideológica. Mariátegui venía de Europa después de haber estado cuatro años y haber conocido el ambiente del fascismo y el nazismo. Ese hombre llevaba un bagaje de conocimientos y nosotros éramos sus discípulos. Recuerdo mucho que él en su silla de ruedas y nosotros en cojines, nos sentábamos en el suelo y lo veíamos hablando. Era un hombre  que a pesar de su gravísima enfermedad que le quitó la vida al final el año 30, esto de que le hablo es antes del año 30, fue el año 27. Este hombre mantenía siempre alerta su mente para captar conocimientos y para darlos y siempre la sonrisa, una sonrisa tan optimista, como si fuera vivir toda la vida, 100 años y duró tan poco. Él fue, digamos, mi primer maestro ideológico, no lo fue Haya [de la Torre] . En realidad yo con Haya no tuve una relación. Cuando estuvimos en México fundamos allí la primera cédula del movimiento antiimperialista y antioligárquico en América, porque todos los países de América padecemos los mismos males. Entonces yo me quedé dos años en México, estudié un poco de economía e historia de México. Recuerdo mucho que Haya de la Torre llegó para fundar la cédula y me hizo una especie de reproche. Esto es anecdótico. Me dijo que cómo iba a seguir siendo poeta si quería ser política, que tenía que dejar de ser poetisa. Entonces recuerdo que un picnic, yo llevé mi primer libro, que no lo tenía Mariátegui, y lo rompí y lo eché al río. Algo sentía adentro, pero después de todo era mi voluntad: seguir escribiendo y estudiando, una cosa tan árida como es la economía y todas esas cosas. Pero creo que me empapé bastante de ello, porque fue cuando hice una gira que se hizo famosa por todas Las Antillas y centroamérica, llevando las ideas antiimperialista y antioligárquica para todos los países de América, y ahora conocí justamente en Lexington a un estudiante dominicano que me dice “todavía existe la cédula que usted fundó”. Qué curioso, era el año 29. “Una cédula”, me dijo. “No es tan numerosa, pero existe”. Qué curioso, cuando yo ya no estoy dentro de ese partido, por supuesto.

FM: Usted habla del panamericanismo en cuanto a su formación, que es parte de la ideología de los años 30. ¿Podría hablarnos un poco de esto en conexión, quizás, con su formación literaria y también con la cuestión feminista?

MP: Bueno, de mi formación literaria no creo, porque cuando yo empecé a escribir todavía no tenía idea de esto. Usted sabe que quienes fundaron el panamericanismo fueron Manuel Ugarte y José Ingenieros en Argentina. Haya tomó la idea y la estructuró en un sentido más político y eso vino después, en que nosotros nos aleccionamos en la idea de defender los derechos de los países latinoamericanos del impacto económico imperialista. Todavía no se hablaba de las transnacionales, pero sí de las grandes fuerzas económicas que iban a los países de América y que con la complicidad de los malos gobiernos entregaban las riquezas del país a las compañías extranjeras que las explotaban con poco beneficio para los países de América. En cuanto a la cuestión femenina, durante mis 20 años en el Partido Aprista puse el acento en la defensa de los derechos de la mujer, pero el partido no le dio ni siquiera el voto, ni el voto político, ahora menos. Nosotros teníamos una proposición, que yo la prendí en el congreso aquel, que la mujer debía tener el mismo salario que el hombre al igual trabajo y los mismos derechos en cuanto a la potestad de los hijos. No dije todavía lo de Flora Tristán, de darle su propio nombre, porque todavía no conocía bien a Flora Tristán, después la he conocido, cuando ya estuve en Chile. Pero los derechos de la mujer estaban implícitos dentro de mi acción. Yo en el partido era dirigente principal o la única del Comando [Nacional] de Capacitación Femenina, donde acudían las mujeres con muy buena voluntad a escuchar todo lo que nunca habían oído ni en política ni en ninguna otra doctrina. Recuerdo entonces que convoqué a una convención de mujeres apristas, en el año 46. Vinieron mujeres de todas las clases sociales, menos de las ricas, por supuesto, sino de la clase media, la maestras, la campesinas y las obreras de todo el Perú. Fue una hermosa concentración de mujeres de la cual tengo muchos documentos. Estuvieron ocho días concentradas en Lima. Una vez, Haya les habló, porque le tocaba a todos lo líderes hablarle a las mujeres. Haya les habló de los deberes de la mujer dentro del hogar, con el marido y con los hijos. Aquellas se quedaron tensas. Y cuando él se fue, les digo “bueno ahora de qué quieren que les hable”. Me dijeron: “de marxismo”. Fue una demostración bárbara contra él, que les hablaba solamente del hogar. Una cosa así demostró que ellas no habían vendo a oír lo que ya sabían: el deber de la mujer dentro del hogar. Lo que querían saber qué cosa era la política y el marxismo del que tanto habían oído hablar, y mujeres campesinas, obreras y maestras de escuelas. Esa fue una experiencia muy hermosa para mí. Después de eso, en el año 47, casi el 48, hubo el segundo congreso del partido y en ese congreso Haya de la Torre declaró que nosotras no podíamos ser miembros activos, después de 20 años de lucha, porque no teníamos estatus legal, y que por supuesto, éramos nada más que simpatizantes. Cosa que a mí me hirió tremendamente. Entonces pedí la palabra, pero como ya estaban al final, Haya me contestó: “No hay nada en discusión”. Pero yo le dije: “Sí, pido la palabra”. Él dobló el libro de actas fuertemente y me dijo: “No hay nada en discusión”, pero yo me levanté de mi asiento y me fui. Me fui con unas cuantas compañeras. No volví más al partido. Esa fue decisivamente mi ruptura con el partido. Yo tenía muchas razones para romper con él, pero esto fue el acabose. Cómo era posible que a las mujeres se les marginara definitivamente de la acción política. Entonces yo he mantenido ese deseo de defender a la mujer, porque comprendo perfectamente que ellas solas no se defienden sino hay quien las esté empujando y aleccionando y lo he hecho en todo los momentos. Tengo amistad con todos los grupos feministas que hay en el Perú, que son por lo menos seis, entre ellos están: ALIMUPER, Acción para la Liberación de la Mujer Peruana, Flora Tristán, Manuela Ramos, que es un nombre popular simplemente. Son hasta seis, verdaderamente activas en la lucha. Esto en cuanto a aspecto político. En cuanto a aspecto intelectual, además de las… [inaudible] Las mujeres intelectuales y luchadoras en el Perú, que han dado timbre a la mujer en su categoría de luchadores verdaderas que no ponen en cuenta en nada. En el año 1908 hubo una manifestación desde el Callao hasta Lima en donde las primeras eran las mujeres. Hubo balacera y murieron dos, anónimas, por supuesto, porque eran mujeres de trabajo. Quiere decir que la mujer es valiente y lo es en todos los niveles de la vida, cuando hay que luchar, lucha, me consta.

FM: Puede hablar, quizás, para el público que no esté muy al tanto. A lo mejor valdría la pena hablar un poco de esta trayectoria que usted destaca que surge a partir de Clorinda Matto de Turner, en la ruta intelectual. El problema de la mujer al sentarse a escribir y tener un público, y ser escuchada, ser leída. ¿Puede hablar sobre la tradición literaria? ¿Cómo usted la ha percibido?

MP: Este año, en que digamos se hizo presente, Clorinda Matto de Turner fue muy bien recibida en Lima en todos los ambientes intelectuales. Pero he de decirlo que una de las oposiciones por su actividad feminista… Ella fundó una imprenta y una editorial que se llamó La Equitativa, solamente de mujeres. Todas obreras y escritoras. Todas eran mujeres, y ahí publicó sus libros. Tuvo la oposición casi visceral de la religión. Estoy hablando de comienzos de siglo. Clorinda Matto de Turner fue una buena escritora, muy culta, muy preparada, y que fue exiliada y tuvo que irse a morir a Buenos Aires, porque ahí la persiguió el clero, especialmente. Porque no eran tareas de mujer escribir. En cierta forma era protestaria, porque ella escribió un libro que se llamó Aves sin nido, que tiene no sé cuántas ediciones, y que trataba el problema del indígena, del campesino indígena, que era muy maltratado en esa época en el Perú. Después estuvo la [Mercedes Cabello de] Carbonera, que se volvió loca, y por el estilo. Había buen ambiente intelectual, que bajo un poco después con el cambio del siglo y con que la mujer no se sentía estimulada. Estoy hablando de antes de lo que he dicho hace un momento, porque he hablado del Partido Aprista. Pero ellas han sido realmente las precursoras. Hubo un movimiento feminista que se llamó Zoila Aurora Cáceres, es la hija de un presidente del Perú, un general, porque ella vivió muchos años en Europa. Allá en Europa había feminismo. Ella puso su nombre al feminismo peruano, pero tampoco tuvo gran vigencia, puesto que los políticos de entonces no tenían ningún interés que la mujer tuviera derecho de ninguna clase, sino los normales: ser madre y ser esposa. En ese aspecto, pero como escritoras las han habido, con menos frecuencia que los hombres, porque siempre los hombres han impedido que la mujer acceda a esto. Pero yo quiero decirles algo de mí que no es vanidad. Creo que soy la primera mujer que obtuvo el primer premio de los Juegos Florales de 1923. Unos Juegos Florales que fueron tergiversados por los mismos que proclamaron esto, porque estaban la universidad de San Marcos, El Comercio y una serie de instituciones de cultura, y estaba allí José Gálvez, que además era mi amigo. Pero como eran Juegos Florales al estilo medieval había que nombrar a una reina y cantarle a la reina un poema, y como yo era mujer fue el pretexto para quitarme ese puesto. Se crearon dos primeros premios. Uno en el que estuvo un señor que sí quería cantarle a la reina y el otro que era el mío. Pero el mío fue el primero y eso lo digo con absoluta seguridad y no vanidad, porque a mí me dolió un poco aquello, pero dije “yo no voy a cantarle a una reina”. No puede ser. Y la reina era nada menos que la hija de [Augusto] Leguía, el dictador. Mucho menos. Fue una cosa de combinación que hicieron. Además yo he tenido otros premios literarios cuando no lo ha tenido ninguna mujer. El caso mío era excepcional porque andaba siempre con la clase intelectual, con los estudiantes, con la gente de letras. Estaba vinculadísima a todos los intelectuales de América. Yo promocioné o edité cuatro revistas que tuvieron corta vida, porque ahí ya me deportaron. Cuatro revistas que se llamaban: Hangar, Trampolín, Poliedro. Todas eras de nombres diferentes y en papeles diferentes, de dos colores. Pero aquello inclusive no existe, sino los ejemplares que yo tengo, los demás desaparecieron. Se editaba poco y se mandaba a todos los países de América. Era nuestro vínculo en esa época, antes del Apra. José Carlos Mariátegui recomendaba en Amauta, su famosa revista, “lea usted Poliedro, lea usted Hangar”. Muy interesante. No era propiamente un juego, sino era una cosa de ímpetu, de deseo, de sobresalir en el anonimato en que se vivía. Todas esas son experiencias que tengo y que las tengo más o menos escritas para ver cuándo hago mis memorias.

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