Un adelanto de “Terceras personas, segundos lugares”, de Juan Pablo Leppe

Poemas de Juan Pablo Leppe

Juan Pablo Leppe (Santiago de Chile, 1979)

Abogado de profesión, ha participado en los talleres literarios de Silvio Valderrama, Úrsula Starke y Mauricio Redolés. Resultó seleccionado para participar del taller abierto de Raúl Zurita en 2018. En 2012 publicó Archipiélago, y actualmente trabaja en su segundo poemario y cursa el diplomado en Poesía Universal de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.


Los cuatro poemas que compartimos a continuación son un adelanto de su próximo libro Terceras personas, segundos lugares:

 

Hijos de Saturno tal como los criminales y los monjes
Cesare Lombroso describió el fenotipo de poetas
y enumeró entre sus principales rasgos la delgadez
La palidez malsana
Y la presencia de ojos mudos en sus rostros
Sostuvo que se les entra el habla con frecuencia
y transpiran frío mientras duermen
El acto de escribir poesía
Por su parte
Obedecería a espasmos que sufre la lengua materna
y por medio de los cuales aquellos recuperan la palabra
Así como la temperatura normal del cuerpo

**

Hay un país del que hablan quienes todavía
no lo han conocido
Aseguran que figura en mapas antiguos
y en viejas postales
Por buena ventura
se conservan los versos de un poeta situado
que lo describe como un país mediterráneo
Pero con bellas bahías
De nombre y emblemas cambiantes
Sin pasado
Pero con mucho futuro
Sin historia
Pero con un gran porvenir

**

La vidente de Bulgaria vio el final del poema
Predijo exactamente su último verso
Aproximó la fecha
Y además anticipó
la presencia coincidente
de aves dirigidas en el cielo
Vio antes que el resto
la extinción de los poetas
Y la preeminencia del símbolo
por sobre el signo
Sin embargo
Nunca sacó la arena de sus ojos
Ni quiso aprender a usar el sistema braille

**

Nick Cave se sienta al piano
y toca una melodía religiosa
La muerte ocupa la primera fila
en toda su extensión
Nosotros disfrutamos de la luz
y escuchamos cada nota
A partir de ese momento
el guión admite ser reescrito
Nada falta, nadie sobra
y Dios en persona abre la puerta

 

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